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viernes, 4 de enero de 2008

ITINERARIOS

Itinerarios es un conjunto de reflexiones realizadas en determinados puntos cardinales de mi vida. En esos momentos sentía como una necesidad el realizar un análisis más profundo de las cosas que me rodeaban. Sin embargo, muchos de aquellos primeros pasos como ensayista se perdieron en el bosque oscuro de mi subjetividad, no permitiéndome compartir con ustedes todo la producción que tuve en ese momento. Creo que el camino del pensador es un constante reconocimiento entre lo humano y lo social, dos espacios muy bien demarcados en personas conflictivas como yo, que aun no pueden encontrar la confluencia entre el ser y el contexto.
Muchos de estos artículos están incompletos, pretendo continuar algunas de las reflexiones hechas, pero no repararé en ellos sino en la medida de los comentarios que me puedan ofrecer. He aquí una humilde esfuerzo por ser mejor.

La represión del Tánatos



13 de agosto de 2007

Hoy fui al Cerro San Cristóbal para poder pensar a solas, me sentía muy mal por todo lo que había hecho el día anterior. Luego de reflexionar en muchas cosas y de advertir mis culpas y las causas que me obligaron a hacer lo que hice, me di cuenta que había sido bastante intelorante con la gente que me rodeaba y que la tolerancia que usualmente me propongo tener, implicaba un costo muy alto para mi tranquilidad. Yo mismo había hecho una prueba al tratar de convertirme en una persona tolerante, intentando olvidar muchas malas experiencias e intentando llevar a cabo un plan de vida equilibrado y optimista.

Incluir a los demás en mis valoraciones, darles un trato amable a pesar de la complejidad de la situación me fue mermando la capacidad de asquearme de algunas cosas, porque me obligaba inconcientemente a no asumir una parte de mí que existía y me pedía que le diera también un espacio. Me doy cuenta también que si no hubiera asumido un estilo de vida como el que llevo en el que me enajeno de mí mismo, no podría sentirme bien socialmente. ¿Es que acaso la esencia de la vida social es la propia enajenación del ser?

Ayer comprobé, con mi experiencia, cómo la civilización ejerce una represión constante al Eros (el instinto) propuesto por Freud, así también, cómo es que en este proceso se desarrolla el Tánatos (la fuerza de autodestrucción) y me di cuenta que mi Tánatos estaba muy presente en las cosas que hago.



Ahora que lo pienso mejor hay muchas personas en este mundo que reprimen las secuelas propias de una herencia no solo social, producto de una historia llena de derrotas y sufrimientos, sino sicológica que se alimenta con la discriminación y el prejuicio latente en muchas formas de comunicación del hombre. Una persona que no cuenta con los espacios suficientes para asumir una discriminación no solo étnica, cultural, económica sino de esencia como hombre, se ve forzado a asumir comportamientos dictados por las construcciones discursivas sociales autodestructivas que vejan su orgullo.

Un desempleado reprime su instinto de repuesta ante la discriminación alimentando su odio hacía sí mismo ya que la sociedad reprime la protesta. La sociedad recorta mecanismos de catarsis hacia una búsqueda de un trato justo, con mecanismos represivos. Para mí, el instinto del hombre por buscar una igualdad es parte de un instinto mayor que ha construido las diversas sociedades por las que ha transitado el ser humano. Esta forma especial de represión ideológica, moral y sicológica que se produce en la sociedad, se produce a través de mecanismos sutiles que confunden la dirección del crecimiento del Tánatos. Este Tánatos se proyecta hacia el hombre mismo, indivisible, ya que no solo se siente reprimido sino impotente por no encontrar la causa última de su represión y busca su propia autodestrucción.

La civilización entonces buscaría que las personas asuman comportamientos vergonzantes a través del conformismo y el aletargamiento ante una situación concreta. ¿Ésa es la causa de los suicidios en este país? La civilización entonces no sería una parte natural del desarrollo de la sociedad sino una sistematización de las fuerzas individualistas presentes en cada uno de nosotros creadas en un contexto propio como el capitalismo.

Necesitamos examinarnos internamente, la causa principal de la desgracia del hombre es que su juicio y sus razonamientos no le sirven para ponerse de acuerdo y establecer una forma para salir de esta situación tan lamentable porque vive inmerso en una lógica externa a él, que quizá no comprende pero que hace que desarrolle una subjetividad que a su vez establece las bases morales para el mantenimiento de este orden. El hombre ya no conversa consigo mismo, vive preocupado por cuestiones simbólicas propias de su universo como el poder y el dinero. El hombre ya no se examina, no se da un tiempo porque está buscando cómo sobrevivir al día siguiente y cómo seguir vivo luego de tanta explotación.
Aquel día, luego de aquella meditación en el Cerro San Cristóbal pude encontrar algunas maneras de salir de esta depresión, me sirvió mucho conversar conmigo mismo, quizá eso le falte ahora a la humanidad, pero aun esta idea debe pisar tierra.

La esencia de la cultura

21 de agosto de 2007

Ayer conversaba con un amigo sobre el tema de la identidad y la conservación de la identidad en una comunidad así como de la esencia de las cosas, tales como la cultura. Me pareció un tema interesante que surgió de una comparación entre el metall clásico y el new metall. En realidad yo no conozco mucho sobre el tema, ya que solo soy un simple degustador de los placeres que ofrece tamaño arte. Pues bien la discusión empezó al mencionarse que el metall había perdido su esencia inicial al haberse mezclado con nuevas tendencias que lo estilizaban tales como las mezcladoras de sonido o los sintetizadores, posterior a eso mi amigo argumentó que uno de los principios de toda cultura es la conservación de su esencia porque si no, pasado un tiempo de contacto con otras culturas, superiores en muchos de los casos, no podrían reconocerse las características iniciales de dicha cultura.

El argumento principal de esta afirmación es la existencia de una esencia en las cosas. En este caso la existencia de una esencia particular en las cosas es un tema que no podría ser probado a partir de la experiencia. Imaginemos que tengamos que buscar la esencia de lo peruano, tardaríamos años en reconocer las distintas formas de expresión y manifestaciones de cada una de las subculturas integrantes de la gran cultura que sería el Perú. Hagamos más particular la referencia y solo busquemos la esencia de la cultura criolla y nos enfrentaremos con un problema tan abstracto que no podría ser abordado sin considerar las diferentes etapas que vivió a lo largo de su historia, sin considerar el mestizaje, las apropiaciones simbólicas de una cultura matriz como la española y su readaptación a un contexto diverso como el Perú. Al final de dicha búsqueda solo tendríamos en cuenta manifestaciones tradicionales, particulares, de comportamiento, de valoración, etc. Todas ellas como parte de un sistema cultural referencial. Recordemos que las personas buscamos un referente en dónde ubicar nuestros orígenes y por lo tanto nuestras características. Eso sería la cultura criolla, un punto cardinal en nuestra historia en donde se ubican un conjunto de atribuciones comportamentales, culturales, políticos, entre otros, con una proyección hacia nuestros tiempos a partir de diferentes formas, porque aun entre criollos existen marcadas diferencias. Una de estas particularidades podría ser la posición de clase. ¿Podemos por lo tanto decir que esta cultura ha perdido su esencia primaria o quizá, que la ha mantenido hasta nuestros días y por lo tanto considerar en algunos casos a criollos netos y a otros imitadores de criollos, tal como el razonamiento de mi amigo?

El instinto de conservación se convierte en una política de reconocimiento de diferencias y de conservación de éstas, de estancamiento de procesos de mestizajes. Una cultura es lo que es su historia y en la historia ninguna cultura se ha mantenido al margen de otra. La existencia de personas a mí alrededor me genera un conjunto de sentidos de existencia, de las metas que quiero realizar, de costumbres, de formas de expresarme, puedo decir que ellos han influido sobre mí. Todos somos parte del cambio de la vida de otras personas, de manera directa o indirecta, de manera positiva o de manera negativa. De lo que podemos estar seguros en esta dinámica de la existencia es que nunca conservamos una sola esencia, al contrario siempre estamos en búsqueda de ella a partir de nuevos contextos y situaciones a las cuales no enfrentamos cotidianamente. Allí radica el significado de la identidad, como la representación imaginaria del rol que asumo en determinado espacio a partir de la aceptación o rechazo de ciertos patrones comportamentales de los discursos dictados por la cultura y por las normas sociales. Esa representación imaginaria entra en acción al momento de manifestar mis características en el vestir, en el habla, etc. Y es a su vez contrastada con este espacio generándose conflictos, negociaciones, readecuaciones de los sentidos de dicho espacio, nuevas configuraciones culturales. Estas estrategias discursivas personales se presentan de una manera más compleja entre las diferentes culturas que constituyen este país, a partir de ellas se generan una serie de espacios sociales de comunicación y, más allá de eso, como manifestó Urpi Montoya Uriarte en su libro Entre Fronteras, nuevas actuaciones que surgen a partir de la confluencia de los diferentes bagajes culturales que conforman el espacio simbólico en el que vivimos.

Los seres humanos nos encontramos organizados por un sistema social encarnado en el Estado que va determinando nuestra posición en el proceso productivo y a su vez nos encontramos organizados en una red de interrelaciones entre sujetos que le da impulso y orden al sistema. Esta situación determina también nuestro ser social a partir del cual establecemos y generamos una existencia simbólica estableciendo nuestros límites espaciales, temporales y de trascendencia en la historia. En esta red de interrelaciones es imposible escapar a la influencia entre seres humanos. Para Comte esta era la condición esencial por la cual no podíamos considerar al hombre como un ente de estudio objetivo. Por lo tanto, y respondiendo a nuestro tema de conversación, si pudiéramos hablar de una esencia de las cosas ésta radicaría en la adaptabilidad a los diferentes contextos que se presentan en su existencia, diríamos que es una realidad dinámica, siempre en búsqueda de sí misma. El instinto de conservación ignora esta característica y genera una serie de nacionalismos que distorsionan el proceso de encuentro entre culturas.

Es cierto, estos encuentros se producen siguiendo las lógicas del mercado de la competencia y de la asimilación, de la supervivencia del más fuerte, pero aun así las culturas no desaparecen. Nada desaparece en este mundo, solo cambia de forma. Debemos atender a un problema mayor para entender las dinámicas entre culturas que son las leyes del mercado que se convierten en las lógicas de vida y que rigen toda existencia en este mundo. Allí entramos en otro debate, pues si consideramos estas lógicas como parte reglamentaria de los procesos culturales aceptaríamos también al cine comercial, a la música comercial como arte. La adecuación a estos tiempos de compra venta genera una serie de distorsiones en las manifestaciones de las culturas y trastoca las características de lo humano. Espero que sea parte de otro debate y podamos encontrar una respuesta. Vuelvo a abrir otra página en mi vida.

La actitud lingüística

23 de agosto de 2007

Ayer escuché mencionar a una estudiante de Lingüística el tema de actitud lingüística en las personas lo cual me llamó la atención debido a la explicación que realizó de dicho fenómeno. Tal consiste en la actitud que asumen las personas quechua – hablantes que al estar insertos en un medio tan particular como Lima conservan la lengua materna como una cuestión de identidad pero que no constituye mayor valor en las nuevas relaciones que van generando en sus actividades cotidianas.

Esta situación que se observa en el uso de una lengua puede ser explicada a partir de una lógica de relación entre sujetos establecida en la sociedad colonial a partir de discursos construidos en base a situaciones que suponían un asimetrismo entre los sectores que componían la sociedad y que actualmente persisten en nuevas manifestaciones y configuraciones del imaginario colectivo. La cuestión de asumir una actitud negativa frente a una particularidad del propio ser implica una readaptación del sentido del propio ser humano y que afecta por consiguiente su cosmovisión estableciendo formas de relación que respondan a la violencia ejercida por presión de la sociedad. Un ser humano enajenado no constituye parte de una acción de negociación social debido a que no estará conciente ni seguro de las características con las cuales puede establecer lazos de parentesco, puede discrepar o ceder.

Cómo puede construirse un ambiente de tolerancia si no se establecen principios claros de aceptación en la sociedad a las formas principales de manifestación cultural como es la lengua. Recuerdo que cuando dos congresistas, entre ellas Hilaria Supa, decidieron realizar el juramento frente al Presidente del Congreso en quechua fueron extrañamente vistos por sus compañeros. El debate frente a la propuesta de discutir los temas en el Congreso en diversos idiomas fue parte de un proceso de esclarecimiento y de manifestación de las principales contradicciones en las cuales vivimos en sociedad. Pienso que los medios de comunicación no supieron ahondar en el tema de manera pertinente debido a que se abordaba el tema desde un punto de vista pragmático creyendo que la traducción solo generaría alargar innecesariamente los debates debido a que todos podían comprender fácilmente el español.

Ahora, esta situación no ha quedado zanjada aun. Pienso que deberían realizarse mayores esfuerzos para lograr una inclusión de nuevas manifestaciones culturales en nuestros espacios de representación. No olvidemos que la sociedad está compuesta por un conjunto de valores sociales que dictan las formas de asimilar los fenómenos sociales y de asumir un comportamiento determinado frente a una situación. En este caso los valores que existen respecto a la conservación y uso de una lengua por parte de un conjunto de personas no están consolidados y menos aun con actitudes como las manifestadas por el Congreso.

La lengua es una forma particular de aprehensión del mundo que posee una cultura, el uso en relación con otras lenguas forma parte del mestizaje entre sujetos. Este proceso tiene que formar parte de una política de tolerancia entre las personas. Propongo que la tolerancia sea entendida como una forma de inclusión simbólica de la configuración del sentido de los hombres en los imaginarios de las personas que toleran. Es decir, que para poder ser tolerante debo incluir en mi mirada la mirada ajena. Ningún hombre asume la existencia de otro sin transformarse en ese proceso. Plantear la tolerancia entre las culturas con diversas lenguas y costumbres supone una asimilación de ambas lógicas en miradas particulares construidas. Esta propuesta me recuerda a los principios de la intersubjetividad utópica que supone un intercambio y transformación en las personas a partir del contacto con otras personas. Según Alejandro Diez esta mirada no puede ser planteada como una acción real debido a que en la realidad las relaciones intersubjetivas se producen en un conjunto de relaciones asimétricas que suponen el uso del poder y de medios de represión en la sociedad. Ser concientes de eso generaría observar un conjunto de conflictos entre culturas en las que una cultura que tiene una mejor posición tanto económica como cultural absorbería a otra. Aquí entramos en otro tema que es la hibridación de culturas propuesta por Néstor García Canclini. Pero eso es parte de otro tema que hace falta aclarar.

El sentido de la comunicación

Uno de los principales postulados que tengo en cuenta es que la dinámica y, principalmente, el sentido de la comunicación tanto como cualquier otra actividad social que realice el hombre están determinados por su cultura. Qué quiero decir con esto, que las principales formas de socialización que tiene el hombre (incluida la comunicación) están constituidas por un conjunto de normas, códigos, símbolos y valoraciones establecidas y construidas en sociedad implícitamente. Esto debido a que las distintas formas de actuación en sociedad son dictadas principalmente por la cultura: cómo vestirse, cómo saludar, cómo comunicarse, etc. Cuando entablamos conversación con una persona en nuestro vecindario utilizamos una estrategia determinada que nos sirva para conseguir nuestro objetivo: obtener información, charlar o simplemente ser cortés. Por el contrario conseguir una amistad en una gran empresa tiene adquiere otra dinámica pues aquí los roles se construyen en base a otros objetivos.

Así como en cualquier otro espacio, las formas de comunicarse son distintas. Ahora, este pequeño ejemplo nos permite reconocer cómo no solo se construye formas (dinámicas) de comunicación en cada espacio sino se construye también un propio sentido de la comunicación y además particular a su contexto. Esto nos lleva a reconocer los sentidos de la comunicación más allá de los sentidos que se producen a partir de su acción. Este sentido se construye constantemente en los diversos espacios de socialización: en el trabajo, en la escuela, en una plaza, en el vecindario, en un estadio, en un autobús, etc. Y como es natural a cualquier ejercicio de interacción, la cultura dicta las pautas de interrelación entre ambos sujetos. Cuando las interacciones se realizan entre sujetos que pertenecen a una misma cultura, las normas, valoraciones y códigos son aceptados con facilidad y existe una fluidez en la comunicación. Cuando los procesos se llevan a cabo entre sujetos culturalmente distintos, es que las formas de comunicación entran en conflicto y en una variabilidad constante en el espacio y en el tiempo. Cuando existe una relación asimétrica de poder entre ambos, la comunicación se vuelve un mecanismo de dependencia entre uno y otro produciéndose un juego de complicidades (esto ocurre, por ejemplo, entre los medios de comunicación y la población).

El sentido, a diferencia de las formas, son las características que se asumirán subjetivamente y forman parte de un mundo exclusivamente humano. Las formas, por su parte, son características manifiestas de la acción del hombre. A veces éstas son dictadas por la presión que ejercen ciertas relaciones de dependencia. En este caso, las características de la relación no permitirían reconocer el potencial comunicativo que posee cada uno de los actores. De allí la importancia de encontrar principalmente los sentidos de la comunicación que se producen en cada una de las acciones que se llevan a cabo en la sociedad. Tener esto claro permitiría, por ejemplo, a las organizaciones que trabajan en busca del desarrollo, generar potencialidades de comunicación en los propios actores y que no sean solo simples receptores.

Creo que ese fue uno de los puntos flacos en las acciones de los movimientos reformistas de este país: simplificaban las formas de comunicación a simples formas de propaganda y de convencimiento, dotadas, en ciertos casos, de ciertas formas particulares de fe. Pienso que al incluir el campo de la subjetividad en las teorías reformadoras del mundo podríamos tener más éxito.

Luego del terremoto del 15 de agosto

Luego del terremoto del 15 de agosto, algo que me pareció muy interesante reflexionar fue el tema del carácter o sentido de las donaciones. Qué implica este acto del ser humano más allá de la manifestación de la solidaridad. En todo caso ¿a qué esencia apelamos en el hombre cuando reclamamos una ayuda para las personas que han tenido menos suerte que nosotros? ¿Acaso es parte del aprendizaje en la sociedad la solidaridad con las personas que menos tienen? Entonces, ¿por qué siguen existiendo injusticias en todo el mundo?

Al parecer los actos de solidaridad solo son estimulados en casos muy particulares que reclaman, por un momento, un alto a una lógica de existencia atropellada que considera a la competencia económica como la madre de nuestras obras y el futuro de ellas. Traigo a colación este tema debido a las opiniones que he venido escuchando en estos días en los que se han establecido una serie de sentidos de solidaridad en las personas contraponiéndolas, con una mirada “realista” de las cosas, a la indeferencia tan presente en ellas.

Puedo entender el comportamiento indiferente en los hombres a partir de una explicación del orden económico que nos toca vivir, el cual establece el carácter de las relaciones entre las personas como un medio para conseguir construir o mejorar el proceso productivo de una sociedad cada día más voraz y exigente con el esfuerzo del hombre. El hombre construye una gran riqueza todos los días que muchas veces no ve ni puede, menos aun, disfrutar. Es como si existiera en el hombre un instinto por producir todos los días y que, a su vez, tal instinto no le permitiera reflexionar hacía dónde se dirige tal esfuerzo. Lo más seguro es que nadie disfrute de tamaña riqueza sino, por el contrario, que todos los días circule por miles de manos que compitan por tenerla el mayor de los tiempos. Este movimiento se produce a partir de la competencia entre los hombres.

Tal configuración de las cosas genera los comportamientos y, más allá de eso, las primeras concepciones y creencias acerca del mundo. El hombre compite todos los días y no sabe por qué, simplemente lo hace, y sin embargo justifica esta acción en razonamientos tales como es algo natural, al hombre siempre le va a interesar primero su conveniencia o siempre van a existir ricos y pobres, gente que tiene más y gente que tiene menos. Obviamente, en este orden de cosas siempre van a existir personas que no tienen, incluso, nada en la vida y esto debido a que en competencia siempre alguien gana y otro pierde. Lamentablemente los grandes perdedores de este mundo son los pobres, víctimas de atropellos y encarcelados en prisiones invisibles (discriminación, exclusión, entre otras taras que la sociedad crea para proyectar sus frustraciones) que no permiten que puedan siquiera asomarse a competir. Y lo más horroroso de todo esto es que el hombre se vuelve indiferente con su hermano permitiéndolos morir.

Es interesante por ejemplo lo poco que puede significar una decena de muertes a comparación de un número mayor, y es más interesante observar sus reacciones a partir de las situaciones en las que se producen estas muertes. La población se entristece cuando ve en los diarios que un avión cae y mueren cuarenta personas y se mantiene indiferente cuando se desbarranca un camión y mueren 70. Lógico, la sensibilidad tiene una serie de requisitos. Ahora, el hombre es indiferente no por naturaleza, sino producto de la naturaleza de la sociedad que él ha creado.

De alguna manera es comprensible el carácter indiferente del hombre. Ahora, reflexionemos acerca de las donaciones. ¿Cuál es su carácter y qué implica su existencia? Empezaré proponiendo que el acto de donación es una cuestión de actitud y supone una acción de reconfiguracion del sentido de solidaridad con las personas construyendo nuevas concepciones de valoración del otro, buscando incluirlos dentro de nuestros espacios simbólicos de existencia. Procedo a explicar esta propuesta. Creo que hemos partido de una explicación del orden que va configurando la valoración del hombre como una competencia antes que como un semejante. Alrededor de esta valoración existen una serie de supuestos básicos asentadas en nuestras formas de relacionarnos que rechazan una colaboración con el desarrollo de las otras personas. Osea nosotros no apoyamos a otros a menos que hayan caído en desgracia o en situaciones que los discursos preponderantes de la sociedad consideren que ameriten una ayuda. El mundo se indigna cuando ocurren estas cosas y realiza una serie de acciones para rescatar una parte de lo que es considerado esencia humana. Allí surge la solidaridad en las personas, con el hermano caído, pero caído en situación extraordinaria que lo hace visible. Se produce una contradicción en los supuestos de las personas porque se genera un choque con el orden del mundo que no admite una conducta asible y solidaria con los demás. El hombre interpreta a su manera la forma de solidaridad que asumirá de acuerdo a sus experiencias particulares y a su formación y valores. Es por eso que encontramos personas que donan y otras que no, entre ellos, algunos asumen la importancia de tal acto pero no sienten algo que los obligue. Al final nadie me dirá nada si no colaboro porque no es una obligación. Entonces si asumimos que la solidaridad no es una constante en el comportamiento del hombre debemos tener más cuidado al momento de convocarla ya que las personas tienen formas muy particulares de recepcionar los mensajes.